Para cualquier negocio, una mala reputación online supone la pérdida de un importante número de clientes potenciales.

El conocimiento de esta preocupación ha generado nuevas formas de chantaje por parte de los usuarios de Internet. Estos chantajes van desde:

“Soy un importante foodie, con más de x visitas diarias a mi blog… Si me invitais a cenar a vuestro restaurante, prometo haceros una buena reseña”

“Soy un usuario muy activo en Tripadvisor… Si me haces un descuento en la cuenta, te dejo comentario buenísimo en tu perfil”

“Soy influencer y mi cuenta de Twitter cuenta con x seguidores. O me pagáis el viaje y la estancia en el hotel que quiero de Brasil, o prometo hundiros mediante tweets negativos” (Caso extremo)

A menos que se acabe llegando a un acuerdo de colaboración entre empresas e influencers, nunca (jamás) se debe ceder al chantaje. El problema de estas prácticas al final no es tanto la mala crítica, como que esta situación pueda descolocar a la empresa, al no ser conscientes del impacto que quizás tenga para su negocio.

En el caso de que se plantee como un chantaje, la empresa puede tomar medidas legales. Da igual que la crítica venga de una persona con 300.000 seguidores, hay que denunciar estas actitudes y perder el miedo. Si eres chantajeado una vez puedes serlo de nuevo, porque estás diciendo a esas personas que tu sistema es susceptible de ceder ante la presión.

En estas situaciones, llamar a la Policía para que intervenga es la mejor opción. De esta forma, la persona que está intentando chantajear a la empresa no va a poder levantar falsos testimonios en Internet.

Por tanto, recuerda que la reputación online es uno de los activos estratégicos de mayor importancia para las empresas, tanto privadas como públicas. Protegerla, gestionarla y potenciarla te reportará muchos beneficios.

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